Sea un día cualquiera como hoy. El viento arremete contra los árboles y el cielo, azul y claro, acompaña a un joven estudiante. Dispuesto y derecho, con hombros caídos y paso decidido. Carpeta en mano y mochila, entra a la boca del metro. Tras la usual espera sube al transporte, y casi de casualidad encuentra un lugar donde sentarse. Como cada día ve su cara reflejada en el vidrio. Aburrido por la situación y dado que dispone de un buen rato antes de llegar a su parada, decide examinar a sus compañeros de viaje. Estudiantes que van a la universidad, directivos que se dirigen al trabajo, amas de casa que van a hacer la compra, jovencitos derechos a la escuela… Un grupo desigual. Nada interesante, pienso para mis adentros. Mirando de lado a lado, cambios de luces, estación tras estación… El pan de cada día. En una determinada parada, un señor de cabello blanco y ojos negros como el azabache entra, mira alrededor y se sienta en uno de los pocos sitios libres. Ya entrado en años pero conservando un ligero recuerdo del hombre alto y fuerte que fue antaño el señor saca un periódico y se pone a leer. Está leyendo la Vanguardia. Al principio no le da importancia, pero más tarde hay algo que me llama la atención. Como ve que se aproxima su parada, decide dejar la lectura para otro momento. Cierra el periódico, y antes de marcharse, lo deja en el asiento, pensando que quizá a algun otro le haga servicio. Ése es el espíritu!, pienso el estudiante, la vida está hecha para compartir, ser egoïsta no lleva a nada. Entonces, en esa misma parada, entra al compartimento una mujer mayor, de unos 40 años, con un aspecto ligeramente porcino y expresión bobalicona. Se dirige al sitio que anteriormente había abandonado el señor. Al ver el periódico, lo coge con expresión de asco y lo tira al suelo, poniendo sus pies encima. Qué parásito de la sociedad, piensa el estudiante para sí mismo. El colmo es que durante todo el trayecto, sus pezuñas lo mueven de un lado a otro, girando de lado a lado las hojas. -A las personas no las definen las grandes cosas que hacen. Realmente es cuando te fijas en los pequeños detalles que puedes conocer a una persona, piensa el estudiante.- Pues bien, el estudiante estaba por levantarse y decirle a la señora que tirar un periódico al suelo y pisarlo no era lo mejor que podía hacer. Pero para no armar un jaleo, pues no hizo nada. Ahora bien, cuando la porcina figura abandonó el compartimento. El estudiante recogió el periódico del suelo y lo puso en el asiento de al lado. Esperando, que el espíritu de compartir la cultura que el señor original había tenido perdurase por siempre…
Como habéis podido adivinar eso es lo que me ha pasado hoy en el metro. Lo siento, pero no podía quedarme de brazos cruzados. El acto de buena fe del señor, dejando el diario para que cualquier otro pudiera leerlo gratuitamente, en un lugar tan adecuado para leer como es el metro, se había visto truncado por la actitud irresponsable de la señora. Son cosas que quizás no tienen importancia, pero valorar la cultura no es una cosa que se haga con grandes actos. Valorar la cultura, nuestro entorno, y fomentar el compartir entre los otros se origina con las cosas pequeñas.


3 Comments
EEEEi joaquim!!
(et podria dir perfectament ke pensu d la entrada x el msn ara mateix.. xo em fa ilusió omplirte això de coments, ja saps XD)
Weno, he d dir ke akesta faceta literaria esta bé, k vex k el senyor Raúl pot haver tingut algu a veure pero weno… jajajja XD (vaya par k sou.. :P)
Doooncs la veritat esk la senyora una mica marraneta ha sigut si.. ¬¬, esk ni k no el vulguis, joder, no el tiris al terra.. ¬¬
En fi…
bona renovació ^^ , preferixo això als cursets jajajaj (tot i k son d TC..umm… el proxim d fisica2 sisplau?:D jajajjaa)
MUAAK!
Molt bo, ha valgut la pena els 2 minuts que he estat llegint-lo. Estic d’ acord que les petites coses molts cops són les que queden més que el que es veu a simple vista
Holes Marc, gracies pels comments! espero que continuïs llegint el blog! Ens veiem!