Tormenta,
tus cabellos sacudidos por el viento,
el frío en la piel,
tus ojos pálidos mirando
el oscuro
horizonte.
Lágrimas
que van y vienen.
Miedos,
perversos enemigos
que nos alejan
de nosotros
mismos.
Impotencia,
tierra mojada,
aroma a amapola,
soledad,
somos olvidados donde
nadie osó jamás
mirar.
Obligados a respirar
bajo losas pesadas
de profunda
incertidumbre.
Remotos montículos,
que nadie ve,
invisibles,
mueren de tristeza
al no ser
oídos.
Incapaces de abrir los ojos,
condenados al olvido,
gritamos
a quien pueda oír,
sálvanos
de la soledad
de la tristeza
del olvido.
Tormenta,
no te acerques más.

